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La Comunidad de Madrid ha completado hoy la  instalación del último desfibrilador previsto para las estaciones de Metro de  Madrid y que, hasta la fecha, han permitido trasladar con vida a un centro  hospitalario al 80% de los viajeros que los han necesitado. Con esta iniciativa,  Metro se convierte en una de las redes de transporte más cardioprotegidas de  Europa.  

En total, con el aparato instalado hoy, el suburbano madrileño cuenta con 316  desfibriladores entre estaciones y centros de trabajo. Este es un número  superior a lo que marca la normativa, que obliga a tener desfibriladores en todas  aquellas estaciones con una afluencia superior a los 5.000 viajeros diarios. 

La última estación en incorporar este sistema ha sido la de Manoteras, situada  en la línea 4, y el consejero de Vivienda y Administración Local en funciones del Gobierno regional, David Pérez, ha asistido hoy a su instalación y ha podido  comprobar su funcionamiento. Pérez ha señalado que “la finalidad de que haya  desfibriladores en todo el suburbano es la de poder salvar vidas, porque  permiten realizar una atención inmediata ante una parada cardiorrespiratoria  que pueda sufrir un viajero, incrementando notablemente sus expectativas de  supervivencia y reduciendo secuelas posteriores”. 

Muestra de ello es que, desde noviembre de 2017, fecha en la que comenzó la instalación de desfibriladores, hasta hoy, estos aparatos se han utilizado con  éxito en la mayoría de los casos. De las 25 ocasiones en las que se ha  requerido su uso, en cinco de ellas no detectó incidencia cardiaca y, de las otras  20, en 12 ha posibilitado el traslado con vida al paciente a un centro  hospitalario. 

La normativa permite que cualquier persona, sea trabajador o usuario, pueda  llegar a utilizar estos aparatos tras establecer la correspondiente conexión con el teléfono de emergencias 112, con el que el desfibrilador se encuentra  permanentemente conectado. 

Los avances tecnológicos han permitido la aparición de este tipo de equipos  denominados desfibriladores externos automatizados (DEA) que, por sus  características y fácil funcionamiento, y según la evidencia científica disponible,  los hacen idóneos para su utilización por personal ajeno a la profesión sanitaria  fuera del entorno hospitalario. 

PRIMERA CAUSA DE MUERTE EN EL MUNDO OCCIDENTAL 

Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en el  mundo occidental y, entre ellas, ocupa un lugar destacado la muerte súbita  cardiaca como resultado de una parada cardiaca secundaria, principalmente  debida a la fibrilación ventricular. La mayoría de estas muertes súbitas ocurren  fuera del entorno hospitalario, de ahí la importancia de la instalación de estos  equipos. 

La correcta atención a la parada cardiorrespiratoria consiste en la aplicación  precoz de una serie de acciones conocidas como cadena de supervivencia, que  incluye, por este orden: el reconocimiento de la situación y activación del  sistema de emergencias sanitarias; el inicio inmediato de las maniobras de  soporte vital básico; la desfibrilación eléctrica precoz y la rápida instauración de  las técnicas de soporte vital avanzado.  

El único tratamiento eficaz contra la fibrilación ventricular es la desfibrilación  eléctrica precoz, por lo que la participación de la primera persona interviniente  es fundamental para el pronóstico y supervivencia de quien sufre una parada  cardiorrespiratoria.

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