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Siempre he pensado que la frase de Samuel Johnson: «El patriotismo es el último refugio de los canallas» puede ser, en algunos casos, muy acertada. No me gustan demasiado, aunque las respeto, las demostraciones patrióticas.

Hemos visto mucho patriota de pulsera con bandera, esquilmador de las arcas públicas, y también mucho patriota periférico que al mismo tiempo que se inventaba la historia utilizaba las instituciones para su lucro personal.

Quizás haya que recordar que la mejor forma de ser patriota es cumplir las leyes y pagar los impuestos. Así que más patriotismo constitucional y menos folclore. Mejor nos irá a todos.

Pero dejando sentado lo anterior, también se debe decir que no debemos aceptar la injusta mirada que muchos nacionalistas periféricos, sobre todo catalanes, proyectan sobre España. Esa mirada llena de mentiras es una inmoralidad y una verdadera patochada.

España tiene, como casi todos los países, un montón de problemas. Pero es una democracia homologada y homologable dentro de la Unión Europea. Es un país moderno que ha dado algunas lecciones muy interesantes, como la aceptación con naturalidad de los distintos tipos de matrimonio o de familia. Es un país solidario que lleva 26 años liderando el número mundial de trasplantes. Es un referente turístico consecuencia de nuestra indudable calidad de vida y de una rica sociabilidad. Hemos integrado millones de extranjeros, no sin conflicto, pero mejor que muchos otros países europeos. Lecciones del nacionalismo periférico: ninguna.

Si además tuviéramos una buena clase política sería para estar contentos.

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