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Con un 25% más de población proyectada para dentro de treinta años, con un cambio climático haciendo estragos en el sistema hídrico mundial, lo que ha llevado ni más ni menos que a la Unión Europea (UE) a declarar la emergencia climática, no queda de otra que empezar a asumir que lo que comeremos hacia el 2050 tendrá cambios sustanciales si lo comparamos con lo que se consume actualmente en el planeta.

De hecho, para alimentar a todo el planeta en los próximos treinta años la producción de alimentos deberá crecer un 70 por ciento.

La ingestión de insectos como alimento, lo que se conoce como entomofagia, además de que, para la elaboración de piensos, comporta un buen número de beneficios de carácter ambiental, sanitario y para los medios social y de vida.

El hombre ha consumido insectos y se alimenta de insectos consciente o inconscientemente desde siempre. La dieta del hombre primitivo, consistía en frutos secos y frescos, miel, tubérculos, hierbas y flores, además de insectos, reptiles, pequeños mamíferos y huevos de aves. Es decir, su dieta estaba basada, fundamentalmente, en productos de fácil accesibilidad.

En relación al medioambiente, hay que reseñar que los insectos utilizan mucha menos agua que el ganado tradicional y su cría depende menos de la tierra que la actividad ganadera convencional, tal y como señala Betway en un reciente análisis.

Asimismo, los insectos pueden alimentarse de residuos biológicos como desechos de alimentos o de origen humano, abono y estiércol, y pueden transformar estos desechos en proteínas de alta calidad, que a su vez pueden utilizarse como piensos.

Los insectos proporcionan proteínas y nutrientes de alta calidad en comparación con la carne y el pescado. Son especialmente importantes como complemento alimenticio para los niños desnutridos, porque la mayor parte de las especies de insectos contienen niveles elevados de ácidos grasos.

Pero los insectos no serán los únicos en el menú del 2050. La sobreexplotación de los recursos terrestres está llevando a la industria alimentaria a poner el foco en el mar, que ocupa dos terceras partes de la superficie terrestre. Así, las microalgas escalan posiciones como fuente de nutrientes y de proteínas de alto valor nutricional y gran biodisponibilidad.

La UE confía en esta fuente de alimentos y ha comenzado a adoptar estrategias que potencien la producción de alimentos y piensos a base de microalgas. Las algas y microalgas contienen lípidos, proteínas y carbohidratos en cantidades elevadas. Como refieren en Ainia, «hay microalgas ricas en oligonutrientes, otras en aminoácidos esenciales, también en fibras… En general, tienen perfiles nutricionales interesantes».

En este sentido, la multinacional de alimentación anglo-holandesa Unilever, por su parte, se alió el año pasado con el startup Algenuity, especializada en el desarrollo de algas para consumo humano, en una clara apuesta por la alimentación de productos a base de proteína vegetal.

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