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Tanto la Policía Nacional en Madrid como los Mossos d’Esquadra en Barcelona han intensificado recientemente los esfuerzos para combatir este tipo de hurtos

El problema de los carteristas es un mal endémico de las grandes ciudades. Si bien es cierto que el estallido de la pandemia a nivel nacional parecía mitigar momentáneamente este problema dado el descenso notable en el flujo de pasajeros del transporte público, lo cierto es que estos delincuentes no han tardado en retomar la actividad y han llegado incluso a cambiar su modus operandi respecto a épocas anteriores centrándose aún menos en unos turistas que ya no llegan y más en las personas locales que usan este medio de manera habitual. Todo con un fin claro, seguir logrando botines suculentos en lugares concurridos.

Su hábitat es conocido por todos: un vagón o estación de metro, un autobús, una de las calles principales de la ciudad o algún monumento emblemático que recibe visitas a diario. Y a pesar de ello siguen logrando sus objetivos: un móvil, una cartera, un bolso… Objetos de valor que en rara ocasión superan los 400 euros. Un detalle que aunque parezca menor, es clave para que estos delincuentes no entren en prisión.

¿Por qué no entran en prisión?

El abogado madrileño Arturo González, especializado en derecho penal en el despacho Dexia Abogados, afirma que la clave para entender esta particularidad pasa por entender cuándo se produce un delito de hurto, que se da “cuando un sujeto coge algo que no es suyo, una cosa mueble, sin la voluntad del dueño”.

Ahora bien, dicho delito de hurto presenta un supuesto concreto de delito leve, que está estipulado “cuando el valor de lo sustraído no supere los 400 euros” y que además, al ser un delito leve, no lleva aparejada la pena privativa de libertad, sino que “la condena es administrativa, con una multa que puede ir de uno a cuatro mesas” . Con lo que, de buenas a primeras, el autor del hurto no accedería a prisión.

¿Cambia este escenario si existiera reincidencia por parte del delincuente?

Puede que la lógica invite a pensar que sí, que si una persona que ya ha robado anteriormente vuelve a hacerlo en el futuro esta vez sí será castigado con una pena de cárcel. Nada más lejos de la realidad, el penalista revela que aunque generalmente “la reincidencia es un agravante en la pena impuesta”, en este caso es distinto. Y es así porque “en el caso de los delitos leves no se puede aplicar porque el artículo 22.8 del Código Penal los excluye”.

El mencionado artículo dice textualmente que “el agravante de reincidencia no podrá tenerse en cuenta en los delitos leves de hurto”, o sea que la respuesta es negativa y por ende un carterista no ingresará en prisión ni recibirá una condena privativa de libertad a pesar de la reincidencia.

Un escenario que en cambio sí varía si el valor de lo sustraído supera esos 400 euros. En este caso ya habría que hablar de penas de prisión de 6 a 18 meses teniendo en cuenta lo dispuesto en el artículo 234 del Código Penal. En concordancia con este precepto del código penal, en aquellas ocasiones en que el autor de ese hurto tuviera antecedentes penales por multirreincidencia y hubiera sido condenado al menos en tres ocasiones anteriores, la pena podía incrementarse hasta tres años de prisión. Por ello, hay que tener muy presente el concepto de la multirreincidencia.

Madrid y Barcelona se blindan contra los carteristas

Dado que estas condenas aparentemente laxas pueden desprender un cierto aroma de indefensión social, tanto la Policía Nacional en Madrid como los Mossos d’Esquadra en Barcelona han decidido en las últimas semanas incrementar los esfuerzos para combatir estas conductas ilegales.

Según datos del operativo policial desplegado en Madrid con motivo del inicio de las pasadas navidades, hasta 23 personas fueron detenidas y otras 500 identificadas en tan solo las primeras 24 horas de la que denominaron “Operación Navidad”, un dispositivo elaborado por la Policía Nacional con el fin de combatir los hurtos de los carteristas en la capital.

A estas detenciones hay que añadir el testimonio de Óscar Fernández, inspector de la comisaría de los Mossos d’Esquadra en Hospitalet de Llobregat, para el diario La Vanguardia. Él revela que con la pandemia “los carteristas buscan nuevos espacios donde trabajar y han ampliado su radio de actuación”. Es más, ahora mismo “se han adaptado a la ausencia de turismo y las víctimas potenciales ahora son personas de nacionalidad española” y concluye que “lo que eran antes turistas ahora son trabajadores”.

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