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Durante el segundo semestre de este año ha quedado patente que quien tiene hoy en día trabajo, tiene un tesoro.

La llegada de la pandemia ha supuesto un estrés añadido a muchos trabajadores que han visto cómo, de la noche a la mañana, las condiciones en las que se podía trabajar habían cambiado, siendo muchos quienes han tenido que dar un paso más y salir de la oficina para trabajar en sus domicilios.

En cuestión de meses todo el tejido empresarial se ha visto resentido. Quienes más están sufriéndolo son los trabajadores, pero también empresarios que ven cómo los esfuerzos de años penden de un hilo. Eso hace que la psicología, actualmente, sea clave si no se quiere caer en una obsesión, en este caso al trabajo, que pueda llevar a otros tipos de adicciones que también requieren ayuda experta en centros especializados como por ejemplo masferriol.com” explican algunos psicólogos.

Y en esto es clave detectar los síntomas y, sobre todo, no normalizar una adicción que, en un primer momento, puede no parecer grave cuando en realidad sí lo es.

La adicción al trabajo: un peligro bien visto

Los términos workaholic o adicto al trabajo no son ni nuevos ni, por desgracia en algunos casos, están mal vistos.

Una cosa es ser responsable con las tareas laborales y otra muy distinta no ser capaz de desconectar del mismo y sentir, incluso angustia, cuando se está haciendo otra cosa, pasándolo bien, en vez de estar intentando ser productivo para la compañía – ya sea propia o ajena-.

No ha sido hasta ahora cuando se ha puesto el foco en esta patología, porque no deja de ser una adicción que, aunque como en los primeros momentos del tabaco, está bien vista a nivel social, trae detrás una serie de peligros añadidos que hacen que sea necesario hablar de forma seria de la misma.

El trabajo dignifica. En eso todo el mundo está de acuerdo. Pero es solo una parte de la vida a la que hay que dedicar un tiempo concreto, como a cualquier otra actividad. El no disponer de ocio, no disfrutar aprovechando el tiempo libre con familia, amigos o cualquier otro tipo de afición, puede acabar haciendo que las personas acudan a otro tipo de sustancias que les permitan tener la sensación de rendir más bajo presión. En este sentido, no es raro ver cómo muchos acaban acudiendo a las redes de la cocaína para sobrellevar épocas más complicadas en las que parece que si no se dedican más horas, no saldría adelante nada.

El problema es el contrario. Cuando el trabajo se convierte en obsesión e incluso se da un paso más allá añadiendo al cóctel sustancias, entra un nuevo reto: tener claro que hay que buscar ayuda a través de expertos que ayuden a superar el estrés laboral y que, llegado el caso, expliquen y apliquen las terapias para solventar adicciones como salir de la cocaína.

Entre los síntomas para detectar si se va por el mal camino y se puede considerar a una persona adicta al trabajo está el ampliar hasta el infinito el horario laboral, no tener apenas tiempo de descanso o desconexión de calidad, llevar el trabajo a todas partes (de la oficina a casa, a las vacaciones, a una cita…), no tener más conversación que la que tiene que ver con opciones y decisiones que mejorarían las políticas de la empresa, etc.

Hay que tener en cuenta que, pese a que al principio se puede pensar que es producto de la responsabilidad del puesto, lo cierto es que todo esto acaba trayendo aislamiento, soledad, frustración, desinterés por las relaciones e incluso depresión y riesgo de caer en otras adicciones.

Es necesario ver las señales o ponerse en manos de los especialistas. Sino, las consecuencias no solo son devastadoras para la persona, sino también para su entorno.

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