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  2017 ha finalizado con cierta ambigüedad en los datos económicos. Por un lado, el Gobierno regional ha adoptado para este año un paquete de medidas que vienen a favorecer la situación de los autónomos, como lo es la implementación de una tarifa plana de 50 euros que pasa de seis meses a doce; la deducción fiscal de 26,67 euros diarios en el IRPF por gasto de manutención o la posibilidad de desgravar hasta un 30 % de los gastos de suministros; además, el salario mínimo interprofesional experimenta un incremento del 4% respecto al pasado ejercicio, situándose en 735,90 euros mensuales. Por otro lado, suben los alquileres, se congelan los salarios, por no hablar del 0,25 de revalorización de las pensiones.

  La realidad de las familias sigue siendo difícil. La temida “cuesta de enero” ya no es tal, pues esta se prolonga más allá de dicho mes. En otras palabras, la pendiente es continua. Los mileuristas (considerados actualmente unos privilegiados) han adoptado nuevas necesidades relativas al ocio por las que ha de abonarse un fijo mensual que viene a ajustar aún más el presupuesto familiar. A los gastos fijos de gas, luz, agua, etcétera, hoy sumamos las pequeñas cuotas por acceder a la música, el cine, las series, los videojuegos o el fútbol desde el sofá. El resultado acaba siendo un gasto “extra” considerable.

En esa pendiente continua, enero, es cierto, siempre cargará con un saco añadido: la resaca monetaria navideña se convierte en la primera indigestión del año. El primer síntoma: un escalofrío que recorre la espalda al saber que hemos usado sin demasiados miramientos las aplicaciones de venta on line. Pero ¿quién puede evitar caer en la tentación? Estamos en pleno siglo XXI y hay cosas que ya forman parte de nuestra cotidianidad. El ejemplo más claro es la inevitable tarifa de internet, que ya ha trascendido a gasto primario en cualquier familia. Sin una conexión de red en el hogar no se podrían realizar gestiones como pedir una cita al médico, sellar la cartilla del paro, acceder a las notas de los hijos o realizar una transferencia bancaria, entre otros menesteres que ya han sido capitalizados por las nuevas tecnologías.

  A pesar de todo ello, siempre existen gestos sencillos que pueden contribuir a aminorar los efectos de esta y sucesivas cuestas.

Ahorro energético

  El Ministerio de Energía ha congelado un año más, y ya son cuatro, la parte regulada de la tarifa eléctrica, un 60% del recibo de la luz, con un aumento del 5% desde el pasado mes de diciembre. Esto no ayuda, pero hay métodos que nos pueden facilitar el ahorro. La decisión de cambiar nuestras bombillas tradicionales por otras de iluminación LED puede llegar a suponer más de 200 euros anuales de ahorro. Estas bombillas tienen una vida útil mucho más amplia y su consumo es menor.

  Por otro lado, en casa tenemos electrodomésticos que quedan en stand-by pero siguen consumiendo energía aun estando inactivos. Para ello conviene instalar regletas con interruptor para asegurarnos del corte total de suministro a estos aparatos. También hemos de considerar que quizás la potencia que tenemos contratada sea mayor a la que en realidad necesitamos.

  Si tenemos cocinas eléctricas, por ejemplo, quizás sería el momento de valorar el cambio a gas y, en general, sea cual sea el tipo de calefacción empleado, resulta fundamental consolidar un buen aislamiento de nuestra vivienda para que los inviernos no vengan ligados a un consumo excesivo de energía. Si un hogar no está bien aislado, tendrá pérdidas de calor, lo que se traduce de manera directa en un aumento de gasto en el consumo. De igual manera, deberíamos estudiar con detalle las tarifas horarias a contratar con la empresa elegida, así como aprovechar los tramos en el que el precio es menor.

La trampa de las rebajas

  Enero es también el mes de las rebajas. Son muchas las grandes superficies que durante estos días ofrecen ofertas muy golosas, pero ¿realmente se compra lo que se necesita? La época de rebajas también llega a las grandes plataformas de venta digital y ahí también tenemos muy fácil, a tan sólo un click, crearnos un problema con el presupuesto familiar. Hemos de comparar cuanto podamos para que, si finalmente compramos, nuestra cesta esté compensada entre la necesidad y el gasto. Porque nunca está de más ahondar en la planificación y comparación de precios de productos semejantes dependiendo del vendedor, tanto en las transacciones tradicionales, como en las virtuales. La diferencia en algunos casos puede ser considerable.

  En definitiva, previendo los gastos ineludibles (seguros, letras, tasas…) y siendo cautos en los variables, cuando menos eludiremos las piedras en la subida de la cuesta.

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