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El COVID-19 está teniendo un fuerte impacto en nuestra forma de vida después del obligado confinamiento y todo el entramado económico se encuentra en periodo de adaptación a las nuevas tendencias sociales y de consumo o las que, previsiblemente, están por llegar. Ese cambio ha nacido de la situación para algunos sectores, sin embargo, otros ya estaban en proceso de cambio y la pandemia simplemente lo ha acelerado como es el caso del sexo de pago. 

Este sector, sin regular en España y en una situación alegal, cada vez está más asentado en la red y el confinamiento no ha hecho sino confirmar el trasvase de las trabajadoras sexuales a las webs de contactos. Es un proceso que, respecto a otros países, está siendo lento por el hecho de que en España los clubes son legales. Sin embargo, si en los próximos años no se realiza una regulación del sector, se tenderá hacia el modelo italiano, es decir, a la desaparición de los clubes en favor de la prostitución independiente en pisos. 

El confinamiento obligó a muchas trabajadoras sexuales a reinventarse y ofrecer sexo por videollamada o incluso sexting ante la falta de ingresos. Incluso muchas de ellas no se habían anunciado anteriormente en la red y esta era su primera vez, por lo que esta situación les puede haber servido de trampolín para descubrir esta alternativa al club tradicional. 

Una tendencia positiva

El cambio de modelo de los clubes a la red es positivo como se ha podido ver en otros países con un tratamiento legal similar al de España, porque los anuncios en la red hacen visibles a las chicas y facilita a las autoridades la persecución de la trata de mujeres. Esto favorece que las trabajadoras sexuales sean independientes y que, como ocurre en países como Italia, la elección sea mayoritariamente voluntaria. 

En este sentido, en el sexo de pago también ha aparecido la aplicación de las reseñas, siguiendo el modelo de Tripadvisor pero, en este caso, para valorar los servicios de las trabajadoras sexuales. Las opiniones online también suponen una herramienta para detectar actividades ilegales y, para estas trabajadoras, también supone un proceso de profesionalización al tratar de evitar las reseñas negativas, lo que también tiene efecto en el modelo de clientes.

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