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El actual equipo de Gobierno en Serranillos del Valle quiere acentuar una línea de transparencia, no solo a nivel interno, como bien nos han hecho llegar con acciones como GESDOC, sino también de forma externa.

El punto de mira se fija esta vez sobre las graves irregularidades urbanísticas del Polígono Industrial Cañariego, al cual literalmente lo “han destruido”.

La corporación municipal asume esta tarea compleja y se propone arreglar el declive urbanístico, medio ambiental y económico de la única manera posible para poder mantener los negocios existentes abiertos y en funcionamiento.

Esta tarea es ajustarla a la normativa legal y prácticamente hacer un polígono nuevo, con la mayor celeridad posible.

Alrededor de 17 años lleva este polígono funcionando de manera irregular, ya que la gran mayoría de los negocios carecen de la licencia preceptiva de funcionamiento y actividades. La importancia de regular vertidos, normativas, recepción y un largo etcétera se hace obligatoria y necesaria.

El arquitecto que en su día redactó el proyecto del polígono, y que dirigió las obras contratado por los promotores, es un viejo conocido del urbanismo irregular de este municipio, Antonio Herráiz, ya que se le han descubierto muchas actuaciones que no se ajustan a la legalidad, algunas de las cuales han sido consideradas nulas de pleno derecho por la Comunidad de Madrid, como ha quedado contrastado en los plenos municipales, y todo esto autorizado por los diferentes alcaldes entre los años 2000-2011.

Se mantienen charlas con la Junta de Compensación por un lado y con los propietarios por otro, lo que supone un punto difícil de controlar y poner en orden.

El hecho de que anteriores alcaldes hayan mirado para otro lado o permitido, en el caso del arquitecto del que hablábamos, que no tuviera un certificado de fin de obra por la ejecución en la construcción

y no autorizara la recepción de la urbanización por detectar deficiencias, ya nos tendría que haber puesto tras la pista de lo mal que estaban las obras.

Así que llegados a este punto solo queda una salida: “O lo arreglamos, o cerramos el polígono”, declara Iván Fernández.

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